Cuenta Fernando Vallejo, con el rigor y mala uva que le caracterizan, en su último libro (la puta de Babilonia) formas de funcionamiento y cifras conseguidas por la misma. Dedica a Tomás de Torquemada, "el inquisidor por antonomaxia", un espacio especial en su razonamiento energético:
"Vale decir que en trescientos años un sartal de inquisidores sólo le sumaron veinte mil a los diez mil que quemó Torquemada en sus escasos once años de gestión comburente. Como Mozart, Torquemada vale por cuantos lo preceden y lo siguen. Cotéjense si no estas pobres cifras ajenas con las suyas: Robert le Bourge quemó a ciento ochenta y tres; Bernard Gui, a cuarenta y dos; Conrado de Marburgo, a unos veinte. En Portugal quemaron a ciento ochenta y cuatro, tres mil ochocientos en Goa, veinte en Salem. ¡Qué desilusión! No hay como la raza hispánicaDe hecho Torquemada condenó, entre herejes, apóstatas, brujas, bígamos, usureros, judíos, moros y cristianos, a ciento catorce mil. Las penas fueron variadas: sólo quemó a diez mil.
El caso es que:
"El sistema de la delación anónima les producía a los inquisidores tales cosechas de herejes para la hoguera que se empezó a acabar la leña de Europa."Siempre, siempre es necesaria una energía de entrada: si se agota una, habrá que hacerse con otra. En todo caso, las que utilizaba la Santa Inquisición, siempre eran no renovables.
"Cuando a los dominicos les empezaron a escasear los herejes le pidieron permiso a Juan XXII para seguir con las brujas."
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